Natividad de la Virgen. Ntra Sra del Coro 2014

Nuestra Señora del Coro, educadora de la Fe

8 de septiembre de 2014

     Queridos donostiarras devotos de la Virgen del Coro:

La advocación de nuestra patrona nos reúne en esta basílica de Santa María. Quisiera que mis palabras en un día como el de hoy fuesen una pequeña ayuda para superar dudas de fe o respetos humanos, con el fin de acrecentar nuestra devoción a la Virgen del Coro, de forma que nos acerquemos a ella con alegría, confianza y fe. Ciertamente, tenemos que reconocer que la secularización ambiental ha afectado a la dimensión mariana de nuestra fe. Se cuestiona la fe de los sencillos que acuden a su Madre en petición de multitud de gracias y favores:¿Qué necesidad hay de recurrir a la Virgen María como mediadora? ¿No se corre el riesgo de fomentar una fe supersticiosa e inmadura? ¿Qué sentido tendría la oración de petición cuando Dios ya sabe lo que necesitamos?, etc.

Lo cierto es que todo este tipo de dudas han nacido de una crisis racionalista que distorsiona el rostro de Dios revelado en el Evangelio. El Evangelio nos dice: «Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Cfr. Mt 18,2). Y en contra de lo que muchos piensan, el ideal de hacernos niños ante Dios, es lo más racional y coherente; ya que, como decía Chesterton: «El sabio es quien quiere asomar su cabeza al Cielo; y el loco es quien quiere meter el cielo en su cabeza». La llamada del Evangelio a la humildad, no es una invitación a dejar aparcada la razón, sino a utilizarla correctamente.

El Evangelio nos invita a acercarnos a la oración de petición con confianza y sencillez: «Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá» (Cfr. Lc 11,9). Lo cual no quiere decir que la oración de petición sea un recurso mecánico, o que no exista por parte de Dios un designio de educarnos en la oración de petición, enseñándonos a hacerla correctamente. En efecto, Dios es un Padre de bondad que educa pedagógicamente a sus hijos. Es importante que nos abramos a la “terapia” educativa que la Virgen María realiza con sus hijos. Me refiero a una terapia de purificación y de iluminación, que nos conduce a la santidad.

¡Cuántos antepasados nuestros se han dirigido a Dios a través de nuestra Patrona la Virgen del Coro, en esta Basílica de Santa María! Solo Dios lo sabe, y ciertamente, lo conoce con exactitud, porque para Él cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles.

Es de suponer que la respuesta de Dios —a través de la Virgen del Coro— a tantas súplicas como le han sido dirigidas en esta Basílica a lo largo de los siglos, habrá sido percibida de forma muy diferente: Algunos se habrán sentido escuchados y consolados, y otros, sin embargo, habrán tenido la tentación de pensar que su visita ha sido infructuosa. Pero sabemos por la fe, que Dios siempre derrama su gracia sobre cuantos se acercan a Él. Por ello es sumamente importante que ahondemos y profundicemos en la pedagogía que Dios tiene para con nosotros. Repito que se trata de una pedagogía de purificación y de iluminación, al mismo tiempo. El quehacer de la Virgen María, como intercesora y medianera de todas las gracias, podríamos resumirlo en estos tres puntos: 1. Acomodarnos a los tiempos de Dios. 2. Acomodarnos a los modos de Dios. 3. Acomodarnos al querer de Dios.

1.Acomodarnos a los tiempos de Dios

En los Santos Evangelios se afirma que Dios escucha siempre a quienes le piden con fe, pero al mismo tiempo se subraya la importancia de ser perseverantes en la oración que dirigimos a Dios. Esta aparente contradicción podría llevar a algunos a plantearse dudas: ¿Para qué quiere Dios que le reiteremos nuestra oración? ¿Acaso necesita que le repitamos las cosas para que no se le olviden? ¿O tal vez será que debemos insistirle hasta que doblegue su voluntad a la nuestra? ¡Es obvio que estas interpretaciones serían ridículas!

Para entender este misterio, escuchemos una cita de Evagrio Póntico que es recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica: «No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides; es Él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia en permanecer con Él en oración» (CIC 2737).

En efecto, cuando los dones de Dios nos son concedidos de forma inmediata, corremos el riesgo de no apreciarlos debidamente. Algo así parece que les ocurrió a los diez leprosos que fueron limpiados por el Señor, y de los cuales solo uno volvió a dar gracias (Cfr. Lc 17,12 y ss).

Es clave que profundicemos en que el don principal que obtenemos de nuestra oración, no es tanto la materialidad de lo que pedimos, cuanto la gracia de estar con Él. Lo central de la oración no son ya los dones que Dios nos pueda dar, cuanto el compartir nuestra vida con el mismo ‘Dador de los dones’: el Señor Jesús. Lo esencial de la oración es entender que el mismo Dios es nuestra ‘heredad’. ¡Sería una paradoja que los dones nos distrajesen de Dios mismo!…

En efecto, como dice la cita referida: lo principal es estar con Él… Se trata de que resuenen en nosotros aquellas palabras que el padre de la parábola del hijo pródigo dirigió al hermano mayor: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo» (Lc 15,31). El problema del hijo mayor de esa parábola es precisamente este: no disfruta de estar con su padre, porque tiene el corazón solamente en los bienes de su padre.

En conclusión,  Dios, en ocasiones, puede retrasar la concesión de sus dones,  con la pedagogía de hacer de nuestra existencia una “Betania”, centrada simplemente en vivir con Cristo y en Cristo. (No olvidemos que cuando avisaron a Jesús de que su amigo Lázaro estaba gravemente enfermo, no se dirigió a su encuentro inmediatamente, sino que pospuso su intervención hasta que este hubo fallecido. Lázaro, Marta y María eran los amigos íntimos de Jesús, pero misteriosamente, ¡el tiempo de Dios era otro…!)

2.Acomodarnos a los modos de Dios

… O dicho de otra forma: los dones de Dios no prescinden de la cruz, sino que la incluyen como parte ineludible del camino a la gloria. Por nuestra falta de fe, corremos el peligro de aspirar a los dones de Dios, eliminando la cruz de nuestro horizonte. Y eso sería tanto como pedirle al Padre que nos haga cristianos sin cruz, sería tanto como renegar de la señal del cristiano, que es la Santa Cruz.

El misterio de la cruz está plenamente integrado en la promesa de la concesión de las gracias de Dios. Pretender separar ambas cosas, es tanto como apostatar de la Cruz redentora de Jesucristo. ¡No existe gloria sin cruz, como no existe cruz sin gloria! Baste recordar que entre las tentaciones mesiánicas que Jesucristo padeció, se incluye la del mesianismo triunfalista, que le evitase el camino de la humillación y de la cruz (Cfr. Mt 4,1-11).

Igualmente, la tentación de los apóstoles y los discípulos de renegar de la cruz en el seguimiento de Jesús fue continua. Resuenan en nosotros como un aldabonazo aquellas palabras del Señor a Pedro, el primero de los papas, cuando este pretendía encontrar un camino que huyese de la cruz: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí, piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». (Mt 16,23).

Es digno de meditar detenidamente el influjo que tuvo María en el camino de su Hijo hacia la Cruz. Lo lógico —desde la perspectiva de un amor meramente carnal— hubiese sido que la Madre se hubiera esforzado por apartar a su Hijo de un camino que le conducía a la cruz. Y sin embargo, Ella fue un estímulo para Jesús, ayudándole a entregarse en fidelidad a la voluntad del Padre.

De modo similar, también hoy, la Virgen del Coro ejerce una mediación maternal con todos nosotros, que incluye, por una parte, la atención y la acogida de las súplicas de los hijos que sufren; y por otra, nos enseña y educa a abrazar nuestras cruces personales, en las que está encarnada la Cruz de Cristo.

Así podemos entender la lógica de los santos, que difiere mucho de la nuestra: Por ejemplo, merece la pena recordar al recientemente canonizado San Juan XXIII. En su diario personal, con motivo de su enfermedad final, se expresa con estas palabras: «Procuro aguantar el dolor, dando gracias a Dios porque sea soportable». «Ni aun estando enfermo tengo derecho a mostrarme triste».

3.Acomodarnos al querer de Dios

En nuestra oración de petición, lo más importante es buscar el querer de Dios; es decir, la voluntad de Dios por encima de la nuestra. Pongamos un ejemplo inspirado en el entorno marinero: Cuando una pequeña barca llega al puerto, el pescador lanza la soga hasta el amarre, y comienza a tirar de ella para aproximarse a tierra. Pero no es el puerto quien se acerca a la barquichuela, sino la barca,  la que se acerca al puerto. Algo semejante ocurre con nuestra oración de petición: Si bien es cierto que el punto de partida de nuestra súplica suele ser, de ordinario, nuestra necesidad y precariedad; no se trata de atraer la voluntad de Dios a la nuestra, sino al contrario, se trata de unir nuestra voluntad a la voluntad de Dios.

Para entender esto, tenemos que partir de un principio clave: Nosotros no sabemos lo que nos conviene de cara a nuestra salvación eterna. Así lo dice explícitamente San Pablo: «El Espíritu Santo acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene» (Rm 8,26). Esta es una de las razones por las que debemos dirigir a Dios con más insistencia y confianza aquellas peticiones de las que tenemos plena certeza que se adecúan al querer de Dios: los dones de la fe, la esperanza y la caridad; el don la salvación eterna, el don de la santidad, etc.

Lo anterior no quiere decir, ciertamente, que no podamos o no debamos presentar a Dios las necesidades cotidianas y perentorias de nuestra vida (el propio Evangelio nos anima a hacerlo). Pero es esencial que entendamos que nuestro objetivo no es otro que el descubrimiento de la voluntad del Padre, y la gracia para abrazarla confiadamente.

Nuestra Madre del Coro completa esta tarea de purificación y de iluminación en cuantos acuden a Dios a través de su intercesión. Las madres saben mucho de atender a los hijos adecuadamente, y la buena madre no es la que da satisfacción a todos los caprichos y peticiones que salen de la boca de su hijo, sino la que siempre atiende a su necesidad, lo cual no siempre coincide con su petición.

La conclusión es la siguiente: La Virgen María es nuestra intercesora ante Dios, para presentarle nuestras súplicas, y al mismo tiempo ha sido elegida como la intercesora de Dios ante nosotros, para llevarnos al conocimiento del querer de Dios, para confiar en los modos de Dios, y para aceptar los tiempos de Dios. ¡¡Santa María del Coro, nos encomendamos a ti!!

 

Koruko Andre Maria, Fedearen hezitzaile

Santa Maria basilika, 2014ko irailak 8

 

Koruko Andre Mariaren zale maiteok:

Gure zaindariaren jaierak biltzen gaitu Santa Mariaren basilika honetan. Gaurko egun honetan, nire hitzak akuilu edo bultzada gertatzea nahiko nuke fedea zalantza edo balantzan dutenentzat Koruko Andre Mariarenganako jaiera indartu eta berarengana pozik, konfiantzaz eta fedez gerturatu gaitezen. Egiari zor, aitortu egin behar dugu inguruko sekularizazio giroak kaltetu egin duela gure fedearen alderdi bat: Mariarekiko zaletasuna. Zalantzan jartzen da bere Amarengana ehundaka grazia eta laguntza eskatzera gerturatzen diren apalen fedea: Zer behar dago ba Andre Mariarengana bitarteko bezala jotzeko? Ez al dugu fedea sineskeria heldugabea bilakatzeko arriskua? Zer zentzu du eskari-otoitzak, Jainkoak zer behar dugun dagoeneko baldin badaki?

Egia esan, Ebanjelioak agertzen digun Jainkoaren aurpegia desitxuratzen duen krisi arrazionalista batetik sortu dira honelako zalantzak. Ebanjelioak esaten digu: «Haurrak bezalakoak bihurtzen ez bazarete, ez zarete sartuko Jainkoaren erreinuan» (Ik. Mt 18,2). Askok uste ez bezala, Jainkoaren aurrean haur bihurtzea baita arrazoizkoena eta koherenteena; Chestertonek zioen bezala: «Burua zerurantz azaldu nahi duena da jakintsua; eroak berriz zerua buruan sartu nahi du». Ebanjelioak apal izateko egiten digun deiak ez du esan nahi arrazoia baztertu behar denik, hau zuzen erabili behar dela baizik.

Eskari-otoitza konfiantza eta xalotasunez egitera gonbidatzen gaitu Ebanjelioak: «Eskatu eta emango zaizue, deitu eta irekiko» (Ik. Lk 11,9). Horrek ez du esan nahi eskari-otoitza baliabide mekaniko bat denik, edota Jainkoak eskari-otoitza behar bezala egiten erakutsiz hezi nahi ez gaituenik. Egiazki, seme-alabak pedagogikoki hezten dituen Aita ona da Jainkoa. Garrantzitsua dugu Andre Mariak bere seme-alabekin darabilen “terapia” hezitzaileari barrua zabaltzea. Santutasunera garamatzan garbitze- eta argitze-terapia bati buruz ari naiz.

Gure zenbat arbasok otoitz egin ote dio Jainkoari gure Koruko Ama gure zaindariaren bidez, Santa Mariaren basilika honetan! Jainkoak bakarrik daki, noski, eta ezagutzen du zehatz-mehatz, Berarentzat gutako bakoitza berezia eta errepikaezina baikara.

Pentsatzekoa da Jainkoak, mendeetan barrena Basilika honetan egindako hainbeste erreguri Koruko Amaren bidez emandako erantzuna: batzuk entzunak eta kontsolatuak izango ziren, beste batzuk, berriz, beraien bisita antzua izan dela pentsatzeko tentazioa izango zuten. Baina fededun garelako dakigu, Jainkoak beti isurtzen duela bere grazia Beregana gerturatzen direnengan. Horregatik oso garrantzitsua da Jainkoak gurekin duen hezibidea sakontzea eta barrentzea. Berriro diot: garbitze- eta argitze-pedagogia edo hezibidea da, aldi berean. Gure alde aritzen den eta grazia guztien bitarteko den Andre Mariaren egitekoa hiru puntu hauetan laburbildu dezakegu: 1. Jainkoaren denborara egokitu. 2. Jainkoaren erara egokitu. 3. Jainkoaren nahierara egokitu.

1.Jainkoaren denborara egokitu

Ebanjelio santuetan esana dago, Jainkoak beti entzuten dietela fedez eskatzen diotenei, baina aldi berean Jainkoari egiten diogun otoitzean atergabe saiatzearen garrantzia azpimarratzen da. Itxurazko kontradizio honek zenbait zalantza sorraraz ditzake: zertarako nahi du Jainkoak gelditu gabe otoitz egitea? Gauzak errepikatzea behar ote du bada ahaztu ez dakizkion? Edota behin eta berriz jardun behar dugu bere borondatea gure erara molda dezan arte? Garbi dago irakurketa hau zentzugabea dela!

Misterio hau ulertzeko, entzun dezagun Evagrio Ponticoren aipu hau, Eliza Katolikoaren kristau-ikasbidean jasoa dagoen moduan: «Ez atsekabetu eskatutakoa Jainkoagandik berehala jasotzen ez baduzu; Bera da on gehiago egin nahi dizuna Berarekin otoitzean etsi gabe iraunaraziz» (CIC 2737).

Egiazki, Jainkoaren dohainak berehala ematen zaizkigunean, behar bezala ez aintzat hartzeko arriskua dugu. Holekoren bat gertatu zitzaien Jaunak garbitu zituen hamar lepradunei, bakarra itzuli baitzen eskerrak ematera (Ik. Lk 17,12 eta hur.).

Ezinbestekoa da gauza bat barneratzea: gure otoitzaren dohain nagusia ez da eskatatutakoa bera, otoitzaren bidez Jainkoarekin egotearen grazia baizik. Gure otoitzaren muina ez da Jainkoak eman diezagukeena, “Dohain guztien emaile” den Jesus Jaunrekin gure bizitza partekatzea baizik. Otoitzaren helburu nagusia Jainkoa gure “ondarea” dela ulertzea da. Txukuna litzake dohainek Jainko berarengandik oharkabetzea!

Inondik ere, egindako aipuaren arabera, garrantzitsuena Berarekin egotea da… Seme hondatzailearen parabolan aitak seme nagusiari zuzendutako hitzak gure barruan hausnartzea ederra litzateke: «Seme, zu beti nirekin zaude, eta nire guztia zeurea duzu» (Lk 15,31). Parabolako seme nagusiaren arazoa hori da, hain zuzen ere: aitarekin egoteaz ez gozatzea, bihotza aitaren ondasunetan bakarrik duelako.

Ondorioz, Jainkoak atzera dezake inoiz guri dohainak eskuratzea, gure bizitza “Betania” bilakatzeko helburu hezitzailearekin: Kristorekin eta Kristorengan bizi gaitezen. (Ez dezagun ahaztu, bere lagun Lazaro oso larri zegoela esan ziotenean, Jesus ez zela berehala harengana joan, baizik eta hil arte itxaron zuela bitarteko egiteko. Lazaro, Marta eta Maria Jesusen lagun minak ziren, baina, ulertzea kosta arren, Jainkoaren denbora beste bat zen…!

2.Jainkoaren erara egokitu

… Edo beste era batera esanda: Jainkoaren dohainek ez dute gurutzea baztertzen, baizik eta aintzarako bidearen zati ukaezin bihurtzen dute. Gure fede faltagatik, gure bidetik gurutzea baztertuz, Jainkoaren dohainak iritsi nahi izateko arriskua dugu. Eta hori Aitari gurutze gabeko kristau egin gaitzan eskatzea adinakoa litzateke, kristauon ezaugarri den Gurutze Santua zapuztea adinakoa.

Jainkoak bere laguntza emango digula hitz eman izana eta Gurutzearen misterioa erabat lotuak daude. Bi gauzak bereizi nahi izatea Jesu Kristoren gurutze salbatzaileari uko egitea bezalakoa da. Ez da aintzarik gurutze gabe, ezta gurutzerik ere aintzarik gabe! Oroitu besterik ez dago, Jesusek pairatu zituen tentaldi mesianikoen artean, mesianismo garailearena dagoela, beheratzea eta gurutzea ekiditen lagunduko ziona, alegia. (Ik. Mt 4,1-11).

Era berean, gurutzea bazterteko apostoluen eta ikasleen tentaldia ere etengabea izan zen. Sendo datozkigu gogora, Jaunak Pedrori, lehenengo Aita Santuari, esandako hitzak, honek gurutzetik ihes egiteko bidea bilatzen zuenean: «Alde nire ondotik, Satanas! Oztopo haiz niretzat, hire asmoak ez baitituk Jainkoarenak, gizakiarenak baizik (Mt 16,23).

Merezi du, Mariak bere Semearen gurutze bidean izan zuen eragina patxadaz hausnartzea. Normalena –haragizko maitasun hutsalaren ikuspegitik– Amak Semea gurutzera zeraman bidetik aldentzen saiatzea zen. Baina, bera ordea Jesusentzat bultzada izan zen, Jainkoaren asmoari bere burua leial eskaintzen lagunduz.

Antzeko eran, gaur ere, ama-bitartekotza egiten du Koruko Amak gurekin; eta horrek berekin du sufritzen duten seme-alaben erreguak entzutea eta jasotzea, baina baita gure gurutze pertsonalak eramaten erakustea ere, horietan haragi hartzen baitu Kristoren Gurutzeak.

Honela uler dezakegu santuen logika, gurearen oso ezberdina dena. Adibidez, merezi du santu aitortu berria den Joan XIII.a oroitzea. Bere egunerokoan, bere azken gaixoaldia dela eta, hau dio: «Minari eusten saiatzen naiz, eramangarria delako Jainkoari eskerrak emanez». «Gaixo egonik ere ez dut eskubiderik triste egoteko».

3.Jainkoaren nahierara egokitu

Gure eskari-otoitzean, Jainkoaren nahiera, bilatzea da; hau da, Jainkaoren borondatea geurearen gainetik jartzea. Jar dezagun itsas-giroko adibide bat: untzi txiki bat kaira iristean, arrantzaleak txikota botatzen du mutiloira, eta tira egiten du lurrera gerturatu arte. Baina moila ez da untzira gerturatzen, alderantziz baizik. Antzeko zerbait gerturatzen da gure eskari-otoitzarekin ere: abiapuntua gehienetan gure beharra eta ezina baldin bada ere, kontua ez da Jainkoaren nahiera geurera moldatzea, alderantziz baizik, gure borondatea Jainkoaren borondatearekin bat egitea.

Hori ulertzeko, oinarri bat garbi eduki behar dugu: guk ez dakigu gure betiko salbamenerako zer komeni zaigun. Hala dio espreski San Paulok: «Espiritua datorkigu geure ahulezian lagun, guk ez baitakigu behar bezala otoitz egiten» (Erm 8,26). Horrexegatik, Jainkoari gogo eta konfiantza handienarekin zuzendu behar dizkiogun eskariak bere nahierara egokien moldatzen direnak dira hain zuzen: fedearen, esperantzaren eta karitatearen dohainak; betiko salbamenaren dohaina, santutasunarena, eta abar.

Horrek ez du esan nahi, noski, gure behar ohikoak eta beharrezkoenak Jainkoari aurkeztu behar ez dizkiogunik (Ebanjelioak berak esaten digu aurkezteko). Baina ezinbestekoa da ulertzea, gure helburu nagusia Aitaren borondatea ezagutzea dela, eta konfiantzaz geure egin ahal izatea.

Koruko gure Amak osatzen du garbitze- eta argitze-lan hori, Jainkoarengana bere bidez zuzentzen direnengan. Amek asko dakite seme-alabak arretaz zaintzeari buruz, eta ama ona ez da seme-alaben nahikeria eta eskabide guztiak asetzen dituena, beharrei erreparatzen diena baizik, beharra eta eskabidea beti bat ez badatoz ere.

Ondorioa hauxe: Andre Maria Jainkoaren aurrean bitarteko dugu gure erreguak aurkezteko, eta aldi berean Jainkoaren bitarteko da gure artean, Jainkoaren nahia ezagutzen laguntzeko, Jainkoaren erara moldatzeko, Jainkoaren denborak onartzeko. Koruko Ama Maria, zure eskuetan gaude!