Día de San Sebastián

San Sebastián 2017

Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes, queridos donostiarras y los que habéis llegado de fuera para celebrar este día; queridas autoridades presentes: Sed todos bienvenidos a esta Basílica de Santa María, cuyo retablo mayor está presidido por nuestra patrona, la Virgen de Coro, y por nuestro patrono, San Sebastián.

Más allá de las celebraciones litúrgicas, parece como si en nuestra tradición donostiarra, las fiestas navideñas se prolongasen hasta este día 20 de enero… La necesidad de endulzar la dureza de la vida con su dimensión lúdica es notoria y patente. La vida no solo es lucha, esfuerzo y trabajo; sino que es necesario saber descansar y disfrutar… Ahora bien, el disfrute no debe ser una huida de la vida, a modo de evasión narcotizante –como desgraciadamente acontece con frecuencia—, sino la capacidad de hacer un alto en el camino para gozar y compartir tantas cosas
buenas por las que tenemos que ser agradecidos. Como decía nuestro querido Papa emérito Benedicto XVI: “Se pueden organizar fiestas, pero no la alegría” (Exhortación Apostólica VERBUM DOMINI). ¡Dios quiera que sepamos descubrir las auténticas razones para la alegría, que ciertamente las hay; a pesar de tantas pruebas y contradicciones como vivimos en nuestras vidas! Alguien dijo que la medida de la esperanza es proporcional a la capacidad de descubrir las razones para la alegría.

También la Iglesia Diocesana se une a la fiesta de todos los donostiarras, sin ocultar que estamos sufriendo en estos días de forma especial, pero con la convicción de que la verdadera alegría se autentifica cuando somos purificados.

En este día, quisiera referirme de forma breve a la espiritualidad martirial sobre la que nuestro patrono San Sebastián tiene tanto que enseñarnos. Tenemos muchas cosas que aprender de los mártires y, en el momento presente, de los cristianos perseguidos. No olvidemos que la etimología de la palabra “mártir” significa “testigo”; y la de “martirio” significa “testimonio”. Sería imperdonable que no acogiésemos y meditásemos el testimonio de los que son perseguidos por su fe.

En este sentido, aprovecho para hacer público que del 2 al 9 de febrero, la Catedral del Buen Pastor albergará una exposición fotográfica sobre la situación de persecución de los cristianos en el mundo. Recientemente se ha publicado el informe bianual sobre la situación del derecho a la Libertad Religiosa en el Mundo, realizado por la Asociación Pontificia “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, y nos disponemos a presentarlo próximamente en San Sebastián. Para ello, hemos invitado a un sacerdote que atiende en los campos de refugiados de Erbil (Irak) a los cristianos que fueron allí desplazados desde Mosul y otros lugares de la llanura del Nínive. Este sacerdote, religioso de la congregación del Verbo Encarnado, estará con nosotros el 9 de febrero; y en la misma Catedral nos dará su testimonio y experiencia sobre la situación de los cristianos perseguidos en aquellos lugares. Creo que merece la pena que lo anotéis en vuestras agendas. Esperamos también que su visita sirva para formalizar algunos acuerdos de cooperación con aquellos cristianos desplazados a Erbil.

Pero, como decía anteriormente, los mártires no solo nos trasladan su testimonio excepcional, sino que nos recuerdan que existe una espiritualidad martirial compartida por todos los cristianos. Un mártir es, entre otras muchas cosas, un hombre coherente; alguien que no cae en la tentación de hacer falsas componendas para esquivar los sufrimientos de la vida; alguien que no puede soportar la carga de vivir sin ser fiel a sus principios; alguien que está dispuesto a padecer la injusticia, antes que cometerla o hacerse cómplice de ella…

En fechas recientes hemos visto dos traslaciones a la gran pantalla en torno a esto que llamamos “espiritualidad martirial”. Me refiero a la película “Hasta el último hombre” de Mel Gibson, y la de “Silencio” de Scorsese (creo que la primera con mucho más acierto que la segunda). Llama la atención cómo el cine, que no deja de ser una de las expresiones culturales de la sociedad, plantea el reto de la coherencia en la vida, es decir, la importancia de la espiritualidad martirial.

En efecto, un cristiano coherente es aquel que tiene madera de mártir. ¿Y qué es tener madera de mártir?… Tener madera de mártir es mantener la firme determinación de vivir de forma que nuestras obras obedezcan a nuestra conciencia, al mismo tiempo que nuestra conciencia obedezca a Dios. Tener madera de mártir es también tomar conciencia de la propia debilidad, de forma que esta determinación de querer ser fieles nos lleve a convertirnos en mendigos de la gracia.

Le pido a Dios por intercesión de nuestro santo patrono, que nos alcance la gracia de tener “madera de mártires”. ¡¡Feliz día de San Sebastián!!