San Ignacio. Basílica de Loiola

San Ignacio

Queridos sacerdotes concelebrantes, querida comunidad jesuita, devotos y amigos de San Ignacio; estimadas autoridades:

Celebramos esta fiesta de honda raigambre en nuestra Diócesis y en nuestra sociedad guipuzcoana… No se trata sólo de mantener esta tradición por continuismo, por el puro afán de que no se pierda, o por mera fidelidad a quienes nos precedieron. Festejar cada año la fiesta de nuestro Patrono, es una buena ocasión para reorientar el rumbo de nuestra vida, afianzándonos en tantos valores imperecederos que inspiraron la vida de Ignacio y que siguen siendo de plena actualidad para todos nosotros.

Me permito comenzar esta homilía refrescando y precisando el concepto de “patrono” o de “patronazgo”… La etimología de la palabra “patrono” nos remite a otro término del cual se deriva: “pater”, “padre”. “Patrono” viene de “padre”. Recordar que tenemos “patrono”, es recordar que Dios es nuestro Padre; que nos quiere; que cuida providencialmente de nosotros, nos protege y nos guía… Pero añadiendo un matiz: Dios cuida personalmente de cada uno de nosotros, pero también de todo nuestro pueblo, como lo hizo con el Pueblo de Israel. Asimismo camina junto a este Pueblo Vasco, que peregrina en la Diócesis de San Sebastián… Con gratitud y reconocimiento, los guipuzcoanos nos gloriamos de tener a San Ignacio como Patrono. Ayer se cumplieron precisamente cuatrocientos años desde que la Villa de Azpeitia proclamase a San Ignacio como su patrono. Fue un 31 de julio de 1610, cuando tan sólo había pasado un año desde su beatificación. Diez años más tarde, en 1620, fue proclamado como patrono de Guipuzcoa.

Ahora bien, al hablar de San Ignacio como nuestro “Patrono”, quizás podemos estar envueltos en pensamientos triunfalistas, que nos hagan olvidar que no hay gloria sin cruz… San Ignacio tuvo que sobrellevar muchas, muchísimas incomprensiones y contrariedades, antes de ser reconocido como santo o como patrono… Más aún, seguramente los que ahora le veneramos y le llamamos “Patrono”, seguimos participando de esas incomprensiones. Los santos suelen romper la lógica humana, hasta el punto de resultar molestos porque el testimonio de su vida, unido a la denuncia de su palabra, dejan al descubierto nuestra mediocridad y nuestras incoherencias.

El primer grado de incomprensión lo sufrió Ignacio en su propia familia. Hasta cierto punto, la conversión de Íñigo pudo ser una buena noticia para los suyos, porque entendían que ese paso le ayudaría a “asentar la cabeza”, después de muchos episodios de vida frívola. Pero, seguramente, no entraría en los planes de la familia un planteamiento de vida cristiana tan radical, hasta el punto de llegar a romper con sus orígenes nobiliarios.

En efecto, ésta sigue siendo también una tentación en nuestros días. En cierta medida reconocemos el hecho religioso, como un elemento que puede contribuir a la educación y a la estabilidad en una sociedad muy necesitada de valores. Sin embargo, solemos poner bajo sospecha los planteamientos de coherencia y de exigencia evangélica, que fácilmente son etiquetados injustamente como “exagerados” o como “radicales”. Parece que hoy en día lo políticamente correcto tuviera que ser “un poco” frívolo, o “un poco” religioso; pero sin exagerar en ninguno de los dos sentidos… También a San Ignacio de Loyola le ocurrió algo parecido. Hemos de reconocer que aunque vivamos en una cultura de raíces cristianas, existe una marcada tendencia colectiva a “domesticar” y rebajar el hecho religioso, a “descafeinar” la fuerza del Evangelio, a reducirlo a una serie de valores comúnmente consensuados, arrinconando todo aquello que presente contrastes excesivos.

Pero la incomprensión no le acompañó sólo en el ámbito familiar. También en la Universidad de París, Ignacio tuvo que padecer contradicciones. Ignacio entusiasmaba a algunos jóvenes en el seguimiento de Cristo, lo cual era puesto bajo sospecha por las autoridades académicas… Era como si esos jóvenes hubiesen perdido la cabeza por su culpa. Ignacio es juzgado como un proselitista que violenta las conciencias de quienes le escuchan… Una vez más, se cumple aquella máxima evangélica: “El Reino de Dios sufre violencia” (cfr. Mt 11, 12). Pero Ignacio entendía que la más genuina obra de caridad es el apostolado, el celo por acercar a los demás a Cristo; y su conciencia no le permitía callar, aunque esto le acarreara complicaciones y problemas.

Tengamos en cuenta que éste sigue siendo el signo de la Iglesia en su tarea de extender del Reino de Dios: la incomprensión. Entonces como ahora, y ahora como entonces, la incomprensión y la persecución no van contra aquéllos que han asumido el pensamiento único, en un pacto con lo políticamente correcto, sino contra aquéllos que actúan coherentemente con su fe católica.

Ciertamente, hoy conmemoramos a nuestro Patrono en medio de un ambiente festivo… pero es de justicia recordar que una de las primeras dificultades a las que San Ignacio tuvo que hacer frente fue la Contrarreforma, como se ve representado en algunos de los relieves de esta espléndida Basílica de Loyola. Una vez más, la tarea de Ignacio se abrió paso en medio de muchas dificultades. Sus hijos de la Compañía de Jesús recuperaron una buena parte del terreno perdido por la Iglesia Católica tras la Reforma de Lutero, y lo hicieron aunando el rigor y la caridad. Así les aconsejaba San Ignacio a los padres jesuitas que iban a fundar un colegio en Alemania, acerca de sus relaciones con los protestantes: “Tened gran cuidado en predicar la verdad de tal modo que, si acaso hay entre los oyentes un hereje, le sirva de ejemplo de caridad y moderación cristianas. No uséis de palabras duras ni mostréis desprecio por sus errores“.

No cabe duda de que también en aquel estilo con el que San Ignacio afrontó la Contrarreforma, sigue siendo “patrono” y “modelo” para todos nosotros. En efecto, el momento presente nos inclina de forma evidente al relativismo religioso. Se afirma equivocadamente que todas las religiones son iguales. Pero, al mismo tiempo, vemos también que los fundamentalismos acechan a Occidente, ocupando el vacío interior que el relativismo está dejando en nuestra cultura. San Ignacio compagina en su estilo el “amor a la verdad” y la “caridad”; la firmeza y la paciencia; el testimonio íntegro de la fe católica y la tolerancia con quienes viven en el error.

Y ya puestos a destacar la actualidad de la figura de San Ignacio, ¿cómo no hacer mención de su intuición educativa? En vida del santo se fundaron universidades, seminarios y colegios en diversas naciones. Puede decirse que San Ignacio puso los fundamentos de la obra educativa que habría de distinguir a la Compañía de Jesús y que tanto iba a desarrollarse con el tiempo. La clave del éxito del modelo educativo ignaciano está en la integración del “rigor académico” y la “esperanza cristiana”. En medio del fracaso educativo que padecemos en nuestros días, es necesario recordar que la “educación” necesita de la “esperanza”, como la natación precisa del agua.

Queridos hermanos, vivamos con alegría esta fiesta y demos gracias a Dios por el privilegio de tener un Patrono como San Ignacio;  pero asumamos al mismo tiempo la responsabilidad de ser testigos de su ejemplo, con nuestras obras. Nosotros invocamos a Dios como Padre, a María como Madre, a Ignacio como Patrono; al mismo tiempo que estamos llamados a vivir la fraternidad con todos, sin distinción. Bajo su protección nos ponemos hoy  nosotros y todo nuestro pueblo… A él le pedimos que nos ayude a recorrer el camino de la vida con esperanza; y siempre bajo la mirada amable de nuestro Padre Dios, y de la mano de Nuestra Madre Santa María. ¡Que Dios os bendiga!

San Inazio

Aldareko apaiz  maiteok, Jesusen Lagundiko elkartea, San Ignazioren jarraitzaile eta lagun maiteok; agintari agurgarriak.

Gure Elizbarrutian eta Gipuzkoako gure gizartean sustrai sakonak dituen festaburua ospatzen dugu gaur… Ez da tradizioa mantentzeagatik bakarrik, ez da ere berau galdu ez dadin gogo hutsagatik, edo gure aurrekoei zor diegun zintzotasunagatik bakarrik. Urtero gure Patroiaren edo Zaindariaren jaia ospatzea, egokiera bikaina da gure bizitzaren norabidea berriro finkatzeko, Ignazioren bizitza arnastu zuten eta guretzat guztiontzat gaurkotasun beteko izaten jarraitzen duten hilezinezko hainbat balioetan fidarazten joan gaitezen….

Homilia honi ekiteko, “patroi” edo “patroitza” hitzek duten esanahia berrituz eta zehaztuz hasiko naiz… Izan ere, “patroi” hitzaren etimolojiak edo sustraiak beste hau du iturri: “pater” edo “aita”, alegia. Era berean, “patroia” hitza “aita” esan nahi duen “pater” hitzetik dator. Beraz, “patroi” bat daukagula gogoratzea, Jainkoa gure Aita dela gogoratzea da: gu maite gaituena, gu bere probidentziaz zaintzen, babesten eta gidatzen gaituen Aita… Baina ñabardura bat gehituz: Jainkoak maite gaitu, gutako bakoitzaz pertsonalki arduratuz; baita gure herri osoaz ere arduratuz, Israel bere Herriarekin egin zuen bezala. Era berean Donostiako Elizbarrutian erromes doan gure Herri osoaren ondoan doa bidean… Esker onez eta aitorpenez, gipuzkoarrok Ignazio Santua geure Patroi izateaz harrotzen gara. Atzo bete ziren, hain zuzen, laurehun urte Azpeitiko Herriak Loiolako San Ignazio bere Zaindari izendatu zuenetik. Mila seiehun eta hamarreko uztailaren hogeita hamaikan izan zen, berau dohatsu izendatu zutenetik urte bat bakarra igaro zelarik. Hamar urte geroago, mila seiehun eta hogeian, izan zen Gipuzkoako Zaindari aldarrikatua.

San Ignaziori buruz gure Patroi bezala mintzatzean, ordea,  agian gurutzerik gabeko aintzarik ez dagoela ahaztera eraman gintzaketen burutazio triunfalistetan nahastu gaitezke…. San Ignaziok oztopo eta ulertezin asko, oso asko eraman behar izan zituen, santu edo patroi aitortua izan zen aurretik… Are gehiago, seguru aski orain hura gurtu eta berari “Patroi” deitzen diogunok, ulertezin beroriekin   jarraitzen dugu. Santuek, izan ere, giza burubidea edo logika apurtu egin ohi dute, gogaikarri izatera iristeraino, beren bizitzako testigantzak, hitzaren salaketarekin batera, agerian jartzen baitituzte gure kaxkarkeria eta gure zuzentasun-ezak…

Elkar ulertu ezinaren lehen ondorioa bere familian jasan zuen Ignaziok. Neurri bateraino, Iñigoren konbertsioa berri on gertatu izango zen bere etxekoentzat, usteko baitzuten pauso horrek “burua bere tokian ezartzen” lagunduko ziola, zeramakien bizimodu arineko gertaera askoren ondoren. Baina, segurki, familiaren helburuetan ez zen sartuko bere handiki jatorriarekin hausteraino eraman zezakeen kristau bizitzaren hain sustraiko planteaketa egiterik.

Honek, hain zuzen, gure egunotan ere tentazio izaten jarraitzen du. Neurri batean erlijiotasuna aitortzen dugu balioen guztiz premian aurkitzen den gizarte baten hezkuntza eta egonkortasunerako lagundu dezakeen balioko eragile gisa. Baina, susmo txar edo errezelo mailan jarri ohi ditugu Ebanjelioko jokabide eta eskakizun proposamenak,  arinki bezain oker, “gehiegikoak” edota “erradikalegiak” jotzen ditugularik. Badirudi gaur egun politikoki zuzen denak, “nolabait” arina behar duela izan edota erlijiosotik “pizka bat” duena; baina alde bietatik gehiegirik gabe… Loiolako San Ignaziori ere horrelako zerbait gertatu zitzaion. Aitortu beharra daukagu, kristau sustraiak dituen kultura batean bizi garen arren, gizarte mailan ageriko joera bat nabari dela: erlijio azalpena “domestikatzera” eta merketzera, Ebanjelioaren indarra “deskafeinatzera”, denen artean onartutako baloreen-zerrenda batera mugatzera, gehiegiko jotzen den guztia baztertuz.

Ulertuezina, ordea, ez zuen familiaren inguruan bakarrik lagun izan Ignaziok. Baita Parisko Unibertsitatean ere, jasan behar izan zituen kontraesanak. Ignaziok gazte batzuk gogoberatzen zituen Kristoren jarraipenean, eta horrek susmoak sortarazten zituen akademi agintariengan… Gazte horiek beronen erruz burua galdu izan bazuten bezala ikusten zen. Horregatik, entzuten diotenen kontzientziak bortxatzen dituen proselitista bat bezala epaituzen dute Ignazio… Behin gehiago betetzen da Ebanjelioko esaldi hura: Jainkoaren Erreinua indarrez hartzen da. (Ikus Mt 11, 12). Baina Ignaziok sinesten zuen  karitatezko ekintzarik benetakoena apostolutza zela, Kristo besteengana gerturatzeko barne-sugarra; eta bere kontzientziak ez zion isilik egoten uzten, nahiz honek korapiloak eta arazoak ekarriko bazizkion ere.

Gogora dezagun honek jarraitzen duela Elizaren ezaugarria izaten, Jainkoaren Erreinua zabaltzeko duen eginkizunean: onarpenik ezak, hain zuzen. Orduan gaur bezala, eta gaur orduan bezala;  onarpenik eza eta erasoa ez doaz, politikoki zuzen denarekiko akordio batean, pentsamendu bakarra onartu dutenen aurka, beren fede katolikoarekiko zintzotasunean jokatzen duenen aurka baizik.

Egia esan, gaur festa giroan gogoratzen dugu gure Zaindaria…, baina gogoratu beharrekoa da San Ignaziori aurre egitea egokitu zitzaion lehenengoetako zailtasuna Kontrarreformari aurka egitea izan zela, Loiolako Basílika eder honetako behe-erliebe (edo bajorrelieve) batzuetan irudikatua agertzen den bezala. Behin eta berriz, Ignazioren egitekoak zailtasun askoren artean egin zuen aurrera. Jesusen Lagundiko bere semeek berreskuratu zuten Luteroren Erreformaren ondoren Eliza Katolikoak galdu zuen lur-zati handi bat, eta hori egin zuten zuhurtasuna eta karitatea batean bilduz.  Aholku hau ematen zien Ignaziok Alemanian ikastetxe bat eraikitzera zihoazten aita jesuitei, protestanteekin izan behar zituzren harremanei zegokienez: “Arreta handia izan egia predikatzen, entzuleen artean agian herexeren bat balego ere, kristau maitasunaren eta zuhurtasunaren eredu gerta dakion. Ez erabili hitz gogorrak, ez ere haiek gutxietsi beren pentsaera okerrengatik”.

Zalantzarik gabe, Kontrarreformari aurre egin zioneko jokabide hartan ere Ignaziok  “patroi” eta “eredu” izaten jarraitzen du, guretzat guztiontzat. Zeren, gaur egungo egoerak nabarmenki erlijio erlatibismora bultzatzen gaitu.  Esaten da, oker esanda, noski, erlijio guztiak berdinak direla. Baina, era berean, ikusten dugu fundamentalismoek ere mehatxatzen dutela Sartaldea (Okzidentea), erlatibismoa gure kulturan lagatzen ari den barne hustasunaren tokiaz jabetuz. San Ignaziok, bere izakeran, batzen ditu “egiarekiko maitasuna” eta “karitatea”; tinkotasuna eta pazientzia; fede katolikoaren aitorpen osoa eta  iritzi okerrean bizi direnekiko eramanpena (pazientzia)..

Ignazio Santuaren irudiaren gaurkotasuna azpimarratzen ari garenez gero, nola ez aipatu haren hezkuntz-intuizioa? Bera bizi izan zen denboran unibertsitateak, seminarioak eta ikastetxeak eraiki ziren herrialde ezberdinetan. Esan daiteke San Ignaziok ezarri zituela Jesusen Lagundia ezagun egingo zuen eta denborarekin hain garatua izango zen hezkuntza lanaren oinarriak. Ignaziotar hezkuntz-ereduaren arrakastaren giltza, “akademi seriotasuna” eta “kristau itxaropena” elkarrekin batzean datza. Gure egunotan jasaten ari garen hezkuntza-porrotaren erdian, beharrezko da gogoratzea “hezkuntzak” beharrezko duela “itxaropena” igeriketak ura beharrezko duen bezala.

Senide maiteok, bizi dezagun jai hau pozik, eta eskerrak eman diezazkiogun Jainkoari Ignazio Santua Zaindaritzat edukitzeko pribilegioagatik; baina geure gain har dezagun, era berean, geure ekintzekin haren ereduaren lekuko izateko erantzukizuna. Guk Jaungoikoa, Aita deitzen dugu; Maria, Ama; Ignazio, Zaindari; horrela denon artean, inor baztertu gabe, anaitasuna, senidetasuna bizitzera deituak gaudelarik. Bere babespean ipintzen ditugu geure buruak eta geure herri osoa… Berari eskatzen diogu lagun gaitzala bizitzako bidea esperantzan egiten eta gure Aita Jaungoikoaren begirada maitakorrean eta gure Ama Andre Mariaren eskutik. Jaungoikoak bedeinka zaitzatela!