Asunción de María. Catedral El Buen Pastor

Madre, hija y esposa de la Verdad y de la Caridad

La Asunción de la Virgen María 2017

Queridos sacerdotes concelebrantes, queridas autoridades, queridos fieles donostiarras y visitantes que disfrutáis de estas fiestas entre nosotros; queridos todos, hijos de Dios, y por su gracia, hijos también de María:

El 15 de agosto es la fecha del calendario que, junto con el 8 de septiembre, concentra más fiestas patronales en los países de tradición católica. Si el 8 de septiembre celebramos la Natividad de María -el día de su nacimiento-, el 15 de agosto celebramos su asunción a los cielos en cuerpo y alma, es decir, el día de su entrada en la vida eterna; esto es, su triunfo pleno y definitivo. Desde el cielo ejerce su vocación materna sobre todos nosotros, seamos o no conscientes de ello; ya lo estimemos, lo ignoremos o incluso lo rechacemos. Ella no puede dejar de ser “madre” de cada uno de sus hijos, aun cuando nosotros podamos ser insensibles hacia su acción maternal.

En estos días de verano he leído un libro que quisiera recomendaros vivamente. Su título es Sobrevivir para contarlo, y narra la historia de una superviviente del genocidio de Ruanda. Una mujer que se apoyó en la Virgen María con una esperanza sobrenatural, en las circunstancias más duras que nadie pueda imaginar, que descubre en el rezo del rosario el medio más práctico para alcanzar la paz interior, así como la victoria sobre la espiral destructiva del odio. Pienso que es un testimonio que puede hacer mucho bien, especialmente a los que arrastran heridas profundas en la historia de su vida. María de Nazaret, la Virgen María, es una mujer libre y liberadora, que ha recibido de Dios la encomienda de ayudarnos en la lucha por nuestra propia libertad, tanto interior como en el orden social.

Sí, es una paradoja que nuestra cultura ensalce la libertad hasta el punto de idolatrarla, al tiempo que nuestro mundo está lleno de adictos, es decir, de esclavos. Es una paradoja que la libertad sociopolítica haya sido reivindicada tradicionalmente desde los sectores liberales y progresistas; y, sin embargo, seamos testigos de cómo nos imponen ahora, sin margen al disenso, un pensamiento único al servicio del nuevo orden mundial.

Ahora bien, Dios es infinitamente respetuoso con la libertad del hombre. Dios no quiere vencer, sino convencer. Dios no se impone, sino que se propone, llamando a nuestra puerta, como llamó a la puerta de María. Para Él la libertad tiene un valor infinito porque es la condición indispensable para que el ser humano pueda llegar a amar la verdad. Sí, lo repito, éste es el culmen de la vida de todo hombre y de toda mujer: AMAR LA VERDAD.

En mi opinión, la gran herejía de nuestro tiempo es la contraposición entre la verdad y el amor; o dicho de otro modo, entre la justicia y la misericordia. El gran engaño del pensamiento contemporáneo consiste en confrontar ambas dimensiones, como si estuviésemos condenados a una dialéctica que hace irreconciliable el amor y la verdad. La historia misma es presentada bajo ese paradigma dialéctico: los estadios antiguos de la historia habrían estado marcados por el signo de la verdad, en detrimento de la caridad y la misericordia. Por el contrario, el hombre moderno habría logrado realizar un giro antropocéntrico para liberarse de la esclavitud de la verdad, y centrarse ahora meramente en el ideal del amor.

Sin embargo, el ideal evangélico no deja lugar a dudas. Dios es el amor y Dios es la verdad. Jesucristo es la verdad de Dios, y el amor de Dios, simultáneamente. No son dos aspectos contrapuestos, sino un mismo misterio en Dios. La predicación del ideal evangélico es inequívoca: estamos llamados a amar la verdad; o, en otras palabras, a vivir la verdad en el amor.

Pongamos un ejemplo, para no perdernos en formulaciones abstractas. Todos recordamos el episodio del encuentro de Jesús con la mujer pecadora, en el que Jesús pronunció esta conocida expresión: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”… Sin embargo, es curioso, qué pocas veces recordamos las palabras finales que el Señor dirigió a esa mujer en el mismo episodio: “Tampoco yo te condeno, vete y no peques más”. Es decir, el ideal de Jesús es claro: ni el adulterio de aquella mujer justifica la falta de caridad hacia ella; ni la caridad hacia esa mujer hace que sea bueno el pecado del adulterio. Verdad y amor van siempre de la mano.

Otro ejemplo más cercano a nuestros días, fue el protagonizado por el Papa Francisco al pronunciar unas palabras en una rueda de prensa durante uno de sus viajes, que luego fueron mediática y popularmente cercenadas y manipuladas. El Papa Francisco no se había limitado a decir “¿Quién soy yo para juzgar?”, como se ha afirmado en innumerables ocasiones, sino que previamente había manifestado la necesidad de que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a vivir conforme a la voluntad de Dios, tal y como se nos presenta en el pasaje evangélico: “¿Nadie te ha condenado, mujer? –Nadie, Señor. –Pues tampoco yo te condeno. Vete y no peques más” (Jn 8, 10-11).

Aun sabiendo que se trata de una extrapolación de la frase evangélica de Jesús: “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”, ¿acaso no podríamos aplicar dicha expresión, no solo a la unión del hombre y la mujer en el matrimonio, sino también a la unión indisoluble entre la verdad y la caridad; entre la justicia y la misericordia? Sí, ¡lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre!

Pues bien, queridos hermanos, María es la persona humana en la que se ha realizado la alianza definitiva entre la verdad y el amor. Verdad y amor, que se “divorciaron” por el pecado de Adán y Eva, y que han sido reunificados en María, por el don del Espíritu Santo.

Pero no olvidemos algo importante, que nos debe llenar de esperanza: el triunfo de María no es algo bello, para ser simplemente contemplado, sino que es, sobre todo, la muestra viva de lo que Dios quiere hacer en nosotros. También en nosotros Dios quiere llevar a cabo esa obra de reunificación interior, por la que se superen definitivamente nuestras contradicciones interiores, de manera que ejerzamos la libertad para llegar a ser uno con la verdad y el amor.

Pidamos en esta fiesta de la Asunción de María a los Cielos, que Ella nos guíe y nos asista en los intrincados vericuetos de nuestro espíritu y de la vida, para que, sin perdernos por el camino, completemos nuestra ascensión hasta la cumbre.

Termino con una frase del diario de Immaculée Llibagiza, la protagonista del libro Sobrevivir para contarlo, al que me he referido anteriormente: «Me aferré al rosario de mi padre y pedí a Dios que me ayudara, hasta que oí su voz nuevamente: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”.»

María, madre, hija y esposa de la Verdad y de la Caridad, ¡ruega por nosotros!

Maria, Karitatearen ama, alaba eta emazte

Maria Birjinaren Jasokundea 2017

Elkarmezaemaile zareten apaiz lagunok, herri agintariok, donostiar fededun maiteok, baita jai hauek gurekin igarotzen dituzuen bisitari maiteok ere; Jainkoaren seme-alba zarete guztiok, eta Haren graziaz Mariaren seme-alaba ere bai:

Abuztuaren 15a da, irailaren 8arekin batera, tradizio katolikoko herrialdeetan festa gehien ospatzen den eguna. Irailaren 8an Andre Mariaren jaiotza ospatzen dugun bezala, abuztuaren 15ean Andre Maria gorputz eta arima zerura jasoa izan zeneko eguna dugu, betiko bizitzan sartu zenekoa, alegia; hau da: bere garaipen betea eta betirakoa. Zerutik, bere ama izatea betetzen du, baita gu konturatzen ez bagara ere; estimatu, ezjakin izan nahiz baztertu, Ama beti dugu Ama. Berak ezin dio utzi bere seme/alaba bakoitzaren “ama” izateari, gu bere amatasunarekiko sorgor izanda ere.

Udako egun hauetan, biziki iradoki nahi dizuedan liburu bat irakurri dut. Sobrevivir para contarlo du izenburua eta Ruandako genozidioan bizirik atera zen emakume baten historia jasotzen du. Naturaz gaindiko itxaropenez, Ama Birjinarengan uste on izan zuen emakume honek, pentsa ezin diren egoerarik gordinenetan; arrosarioa errezatzeak barne-bakea ematen ziola konturatu zen, baita gorrotoaren bide suntsikorretik sahiestu eta garaile ateratzea ere. Testigantza honek, norbere bizitzaren historia zauriz betea duen edonori on asko egin diezaiokeela pentsatzen dut. Nazareteko Maria, Ama Birjina, emakume askea eta askatzailea da, Jainkoagandik askatasunaren aldeko gure borrokan laguntzeko eginkizuna haso duena, bai gure barneko askatasunerako bai gizarte mailako askatasunerako ere.

Izan ere, zer nolako paradoxa gertatzen den, gure kulturak ia jainkotzeraino askatasuna goraipatzen duen bitartean, gure mundua mendeko, esklaboz betea dagoenean. Kontrajarria gertatzen da, tradizionalki sektore liberal eta progresistenek askatasuna aldarrikatzea, eta aldi berean horiek berak izatea orain eztabaidarako tarterik utzi gabe, munduko ordena berri baten zerbitzura dagoen pentsamendu bakarraren inposatzaileak.

Jainkoak, ordea, mugarik gabeko errespatua dio giza askatasunari. Jainkoak ez du inor garaitu nahi, guztiak beraganatu baizik. Jainkoak ez du bere burua inposatzen, proposatu baizik, gure atea joz Mariaren atea jo zuen moduan. Berarentzat askatasunak mugagabeko balio du, horixe baita gizakiak egia maitatu ahal izateko baldintza. Bai, berriro diot, horixe da gizon eta emakume guztien bizitzako helmuga: EGIA MAITATZEA.

Nire iritziz, gure egunotako heresia edo zentzugabekeria handiena egia eta maitasuna kontrajartzea da; edo, beste era batera esan da, justizia eta errukia kontrajartzea. Bi alderdi horiek elkarren aurka jartzea da egungo pentsakeraren gezurrik handiena, maitasuna eta egia elkar uztartu ezinezko bihurtzen dituen dialektikaren morroi izatera behartuak bageunde bezala. Historia bera eztabaida-paradigma horren menpean aurkezten zaigu: historiaren garai zaharrak egiaren menpean egonak dira, karitatea eta errukia mendean hartuz. Gizaki modernoak, ordea, egiaren esklabotzatik askatzeko aldaketa antropozentrikoa egin eta orain maitasunaren ereduari hobeki erreparatzen dio.

Ebanjelioko ereduak, baino, ez du zalantzarik uzten. Jainkoa maitasuna da eta Jainkoa da egia. Jesu Kristo da Jainkoaren egia, eta Jainkoaren maitasuna ere bai, aldi berean. Ez dira bi alderdi kontrajarriak, Jainkoaren

misterio bat bera baizik. Ebanjelioaren eredua predikatzean, ez dago zalantzairk: egia maitatzera deituak gara, edota beste era batera esanda, maitasunean egia bizitzera deituak gara.

Adibide bat jarriko dizuet, hitz-jokoetan nahastu gabe. Gogoan dugu denok Jesusek emakume bekatariarekin topo egin zueneko pasartea; hauxe esan zuen Jesusek: “Bekaturik ez duenak bota dezala lehenego harria” … Baina, gutxitan gogoratzen ditugu Jaunak pasarte horretan bertan emakumeari esandako beste esaldia: “Nik ere ez zaitut gaitzesten, zoaz eta ez egin gehiago bekaturik”. Jesusen eredua argia da: emakume haren adulterioak ez du zilegi egiten berarekiko karitate falta; baina emakumearekiko karitateak ez du adulterioaren bekatua ona bihurtzen. Egia eta maitasuna eskutik doaz beti.

Bidaia bateko prentsaurrekoan Frantzisko Aita Santuak esandako hitz batzuk, mediatikoki erabiliak eta manipulatuak gerta litezke esaten ari naizenerako beste adibidea bat. “Nor naiz ni epaitzeko?” esan zuen, askotan entzun dugun bezala, baina ez hori bakarrik, aurretik esana zuen gutako bakoitza Jainkoaren asmoaren arabera bizitzera deituak garela, ebanjelio pasartean Jesusek esan zuen bezala: “Ez al zaitu inork gaitzetsi? –Inork ere ez, Jauna. –Nik ere ez zaitut gaitzesten, zoaz eta ez egin gehiago bekaturik” (Jn 8, 10- 11).

Ebanjelioko Jesuen hitz hauek gogora ekarriz: “Jainkoak batu duena ez beza gizakiak banatu”… ezin ote dugu esamolde hori, gizonaren eta emakumearen arteko ezkon-batasunerako bezala egiaren eta karitatearen arteko batasun hautsezina aipatzeko erabili, justiziaren eta errukiaren loturarako, alegia? Bai, Jainkoak batu duena ez beza gizakiak banatu!

Senide maiteok, egiaren eta maitasunaren arteko betiko ituna gauzatu deneko gizakia Maria da. Adam eta Evarengan banatu ziren egia eta maitasuna, Mariarengan uztartu dira berriz Espiritu Santuaren dohainez.

Ez dezgaun ahaztu, baina, itxaropenez bete behar gaituen zerbait, garrantzitsua dena: Mariaren garaipena ez da kontenpla genezaken zerbait ederra bakarrik, baizik eta Jainkoak gurekin egin nahi duena harrigarriro agertzen digun misterioa. Jainkoak gugan ere bere betera eraman nahi du barne-batasun egitasmoa, gure barne kontraesanak garaituak gerta daitezen, eta egiazko askatasunean bizi gaitezen, egiarekin eta maitasunarekin bat eginik.

Andre Maria Zerura Jasoa izan zeneko festaburuan eska dezagun, berak gida gaitzala eta lagun diezagula gure espirituaren eta bizitzaren bihurgune korapilatsuetan, bidean galdu gabe gailurreraino irits gaitezen.

Sobrevivir para contarlo liburuko protagonistaren, Immaculée Llibagizaren egunerokotik hartutako esaldi honekin bukatu nahi dut: «Aitaren arrosarioari heldu nion estu eta Jainkoari laguntza eskatu nion, berriro ere bere ahotsa entzun nuen arte: “Barkaiezu, ez dakite eta zertan ari diren”».

Maria, Egiaren eta Karitatearen ama, alaba eta emazte, otoitz gure alde!