Redescubrir la vocación laboral

Redescubrir la vocación laboral

En el marco del 10 aniversario de la iniciativa “Iglesia por el Trabajo Decente”, os comparto estas breves palabras, con el deseo de realizar una pequeña reflexión en la línea de la dignificación del trabajo.

Es obvio que en el momento en que vivimos, resulta especialmente difícil experimentar el trabajo como una vocación, cuando menos, para una parte importante de la población… De forma significativa, con frecuencia el término “trabajo” es sustituido por el de “empleo”… Y es obvio que, en la práctica, estos dos términos están lejos de ser sinónimos: Mientras que el concepto de “empleo” parece referirse al trabajo como a una mercancía -a cambio de un dinero-, el concepto de “trabajo” está más ligado a una vocación en la que se desarrollan las potencialidades creativas del ser humano.

Ocurre, además, que, tener un empleo ya no es garantía de poder llevar adelante un proyecto de familia, al no atenderse con frecuencia las mínimas condiciones laborales. Todo ello influye, en no pequeña medida, en la crisis de la familia (aunque es obvio que también existen otros factores espirituales y morales). Hay muchos empleos que parecen estar diseñados para la subsistencia individual de quien ocupa una habitación de alquiler, sin más pretensiones en su vida; lo cual es dantesco.

En esta línea, me viene a la mente la denuncia que hizo Gandhi sobre los llamados “siete pecados sociales”: 1º política sin principios, 2º riqueza sin trabajo, 3º placer sin conciencia, 4º saber sin carácter, 5º comercio sin moralidad, 6º ciencia sin humanidad, y 7º religión sin sacrificio… En efecto, el segundo pecado social denunciado por Gandhi es determinante de la situación que nos encontramos: la “riqueza sin trabajo” está vinculada, por desgracia, al “trabajo sin riqueza”, es decir, al empleo indecente.

Dicho esto, creo que es necesario que la meta del Trabajo Decente, no se circunscriba a una necesaria reivindicación laboral frente a la legislación laboral y a los intereses lucrativos empresariales, sino que nos interpelemos a nosotros mismos sobre la importancia de luchar por redescubrir la vocación laboral.

Decía la Madre Teresa de Calcuta que “El trabajo sin amor es esclavitud”; y esto lo debemos de traducir en una apuesta decidida por romper el círculo vicioso de “empleo indigno – desmotivación laboral”. Los cristianos estamos llamados a trabajar con alegría, demostrando a todos que el trabajo realizado con amor, no es un mero deber, sino que es un derecho dignificante… Como decía el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si: “El trabajo debería ser el ámbito de este múltiple desarrollo personal, donde se ponen en juego muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección del futuro, el desarrollo de capacidades, el ejercicio de los valores, la comunicación con los demás, una actitud de adoración.” (L.S. nº 127)

No podemos resignarnos al círculo vicioso al que me he referido anteriormente (“empleo indigno – desmotivación laboral”); entre otras cosas, porque como decía San Juan Pablo II: “El reto del trabajo no es solo la transformación del mundo, sino la transformación de nosotros mismos”. Nosotros creemos que el trabajo es mucho más que una mercancía, ya que creemos que la recompensa de nuestro trabajo no es meramente lo que nos pagan por él, sino aquello en lo que nos convierte. Este es el motivo por el que reivindicamos un trabajo digno, al mismo tiempo que nos comprometemos a hacer todo cuanto esté de nuestra parte para que el trabajo sea digno.

Agradezco de corazón a quienes habéis impulsado esta campaña por el “Trabajo Decente” a lo largo de estos diez años. ¡Dios os lo pague!

✠ José Ignacio Munilla
Obispo de Orihuela – Alicante