De la emergencia afectiva al amor maduro en Cristo

Charla pronunciada el 29 de marzo de 2017 en la Facultad de Teología de Valencia, en el contexto de la XIX edición de Los Diálogos de Teología.

A juicio de Monseñor “las renuncias de la vida son posibles cuando la motivación del amor es la que impera. De lo contrario, esas renuncias o sacrificios serán compensados secretamente, por la puerta de atrás”. Además esas compensaciones “suelen ser disimuladas en un primer momento”, pero irán “in crescendo”. “Cuando uno no disfruta de su vocación al amor se busca compensaciones”, añadió. Esas compensaciones son un mecanismo de defensa ante la infelicidad. Tipos de compensaciones: el apego afectivo, afirmación del yo o ansia de poder (el aquí mando yo), la autorrealización carrerista (estudiar más, trabajar más para evitar llegar a casa…), el mal genio o el mal humor (como no amo, no disfruto, estoy amargado…), desequilibrios sexuales o falta de dominio en la castidad, necesidad de llamar la atención…

Por ello “hay que detectar esos signos de compensación para que volvamos al amor y nos afiancemos en las grandes certezas que mueven nuestra vida, en el ser amado y en el amar”.

La respuesta ante todo esto es “la conversión”, dice Munilla, “que rompe con la mediocridad y nos permite amar con plenitud”. Pero además aportó tres claves:

1. No basta con ser sincero, sino que es necesario ser verdadero. Hay que descubrir la razón última de esas compensaciones.

2. No conformarse con la perseverancia sino tener como objetivo la fidelidad. Ser fiel es estar en el corazón de la vocación al amor.

3. Descubrir la clave sobrenatural del amor humano.

También presentó cuatro pilares que, a su juicio, determinan el equilibrio afectivo de un sacerdote:

1. Su relación directa con Jesucristo, su esponsalidad con Jesucristo.

2. La entrega pastoral de un sacerdote con aquéllos que se le han entregado. No está llamado sólo a servirles, sino también a amarles.

3. La relación con su familia: de su relación con esa familia el sacerdote también vive su afectividad.

4. La fraternidad sacerdotal.

Para acabar su exposición, José Ignacio Munilla insistió en el hecho de “dejarse querer por Dios” además de asegurar que “existe esperanza en la reparación. El corazón no es de quien lo rompe, sino de quien lo repara. El corazón es de Jesucristo”.

Tras el Obispo de San Sebastián tomó la palabra, en esta primera sesión de los Diálogos de Teología Almudí 2017, María Calvo, profesora de Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, que leyó la ponencia Alteridad sexual: aproximación científica.

Calvo planteó la problemática de la ideología de género en la sociedad actual, un planteamiento que “niega la existencia de una raíz biológica en la masculinidad y feminidad”. Dicha ideología “niega la verdad de la alteridad sexual”.

Desde el punto de vista de la ponente “cuando se niega esa diferencia, pierde sentido el matrimonio, la familia o las formas clásicas de reproducción”, entre otras consecuencias que tienen, como finalidad, la propia “deconstrucción del ser humano”.

Recordó María Calvo que la ideología de género llega a manipular incluso el lenguaje, eliminando palabras, y “basa su justificación en los supuestos principios de igualdad y libertad”.

Considera la profesora que dicho movimiento se asienta “en el relativismo pero se alimenta de un dogmatismo blindado”. Al relativismo “se une un profundo emotivismo” y produce una ruptura con todo lo que tenga que ver con la razón. “Sólo vale lo que yo siento”, explicó la ponente y “se deja todo al albur de los sentimientos, algo bastante arriesgado” puesto que los sentimientos de las personas cambian con los años, por las circunstancias o por las relaciones que establecemos.

La ideología de género “da lugar a la muerte de la razón. Ya no es el atrévete a pensar, sino el atrévete a sentir” y todo ese movimiento se ha plasmado “en derechos que responden a sentimientos individuales” (derecho al aborto, a la eutanasia…).

Esta priorización de los sentimientos sobre la razón, en la que “no importa tanto la moralidad como la funcionalidad”, ha supuesto la muerte de Dios, incluso “la muerte de la ciencia” puesto que la ciencia demuestra que existen diferencias entre los hombres y las mujeres. “Los ideólogos de género niegan esas diferencias”, dice María Calvo, porque desde su planteamiento “la ciencia no puede decidir sobre mis sentimientos y sobre mis deseos”.

Todo ello conlleva “una crisis de civilización” porque “si eliminamos el uso de la razón, si muere Dios o eliminamos los avances científicos eliminamos todo nuestro pasado”, todo lo que somos.

También considera la profesora que esta ideología “supone una corrupción del feminismo” puesto que “el feminismo de equidad ha dado paso a un feminismo funcional”.

Tras repasar los orígenes y la evolución de la ideología de género hasta nuestros días, Calvo afirmó que se trata de “una ideología normativa, imperativa y, por desgracia, cada vez más intolerante”.

María Calvo abogó por promover “una nueva revolución sexual en la que se exija la protección de la naturaleza humana, que implique un nuevo humanismo y un nuevo disfrute de la vocación de amar”, que no se confunda únicamente con el sexo. Esta nueva revolución sexual tendrá que “defender la existencia de un dimorfismo sexual, la existencia de una alteridad sexual, y que no nos separa ni nos hace distantes sino que nos complementa y nos equilibra como seres humanos”.