Carta a los niños, con motivo de la Infancia Misionera

Queridos niños misioneros:

Soy José Ignacio, vuestro obispo. Muchos ya nos hemos conocido cuando he visitado vuestras parroquias o vuestros colegios. ¡A los demás espero visitaros muy pronto!

Os escribo esta carta, porque quiero compartir con vosotros una historia que he escuchado recientemente y estoy seguro que os gustará:

Al Padre Damián el Señor le llamó a ser misionero en la India. En su primer año en la misión, le encargaron trabajar en un orfanato donde había casi cien niños que habían sido abandonados. Se acercaba la Navidad y los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez el relato de la Nochebuena. El misionero les contó cómo a María y a José no les dieron posada en ninguna casa de Belén… cómo tuvieron que pasar la noche en un establo… cómo al Niño Jesús lo tuvieron que acostar en un pesebre porque no tenían una cuna…

            Todos los niños escuchaban la historia impresionados, con la boca abierta. Nunca habían oído algo así.  Una vez terminada la historia, el Padre Damián les repartió un papel y un lápiz para que dibujaran lo que habían escuchado. Mientras los huérfanos dibujaban el “portal de Belén”, el misionero se acercaba a los niños, para ver si necesitaban ayuda. Así llegó donde un pequeño de seis años. Este niño, Samir, había pintado en su hoja un pesebre con dos bebés dentro. El Padre Damián le preguntó por qué había dos bebés en el pesebre. Samir cruzó sus brazos y mirando al pesebre comenzó a repetir, muy seriamente, la historia que acababa de escuchar.

            Lo estaba contando muy bien… hasta que llegó a la parte donde María pone al bebé en el pesebre. Entonces Samir empezó a inventar su propio final: «…y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá y que no tenía un sitio donde vivir. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con él. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé qué cosa tenía para darle como regalo; se me ocurrió que podría darle calor. Por eso le pregunté a Jesús: “Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti?”. Y Jesús me dijo: “Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido”. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre».

            Cuando el pequeño Samir terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas; se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y lloró feliz. El pequeño huérfano acababa de conocer, gracias al Padre Damián, a alguien que no lo abandonaría jamás. ¡A Alguien que estaría para siempre junto a él!

Hay muchos niños como Samir que aún no conocen a Jesús, y que no pueden darle calor. Porque… ¿sabes? ¡¡Jesús está deseando que le demos calor!! ¡¡Que le demos nuestro amor!! Está deseando que nos acerquemos a Él, y sufre mucho cuando ve que hay tantos y tantos que no le conocen y no que saben cuánto les quiere. Jesús necesita que le ayudemos a que muchos niños como Samir, en Asia, le conozcan. ¿Queréis ayudarle? A quien ayuda a Jesús, Jesús le ayuda también.

Dentro de unos años quizás os llame Dios a algunos de vosotros a ser misioneros, como el Padre Damián, en países lejanos. Pero, ¿sabéis que también ahora podéis serlo? Sí, sí, ¡también vosotros, los niños, podéis ser misioneros!

Seguro que ya habéis aprendido en la catequesis, que desde que os bautizaron estáis llamados a ser misioneros. Jesús quiere que le ayudéis a que todos le conozcan, con vuestra oración por los demás, y también contando a vuestros padres, a vuestros amigos, a vuestros compañeros… ¡cuánto les quiere Jesús! Eso es ser misionero. Tenéis que ser misioneros en casa, en el colegio, en el parque… Nada hay más grande en el mundo que “ayudar a todos a acercarse a Jesús”.

Pero no olvidéis que el misionero es el primero que se acerca a Jesús para darle calor, para darle su amor. Yo supongo que vosotros acudís muchas veces a Jesús ¿no? Que le rezáis, que vais a Misa, que le ofrecéis vuestros pequeños regalos… ¡Jesús os está esperando cada día!

El próximo 25 de enero vamos a celebrar la Jornada de la Infancia Misionera. Bajo el lema: “Con los niños de Asia buscamos a Jesús”, queremos ayudar a que muchos niños de Asia conozcan a Jesús y puedan saber cuánto les quiere. Ya sabéis que para eso, es necesario que haya misioneros que vayan a esas tierras. A ellos también les tenemos que ayudar con nuestra oración  y con nuestra generosidad.

¡Cuento con vosotros para  esta impresionante misión!

Os bendice con todo cariño, vuestro obispo,

+ José Ignacio