Hipótesis sobre María

En este tiempo de descanso en el que nos encontramos, me permito aprovechar el presente artículo para recomendaros una lectura veraniega. Recientemente se ha publicado en España la traducción al castellano de un libro de Vittorio Messori, con el título Hipótesis sobre María (Editorial Libros Libres). El escritor es de sobra conocido. Fue el autor del libro entrevista a Juan Pablo II Cruzando el umbral de la esperanza (1996), además del libro entrevista al Cardenal Ratzinger Informe sobre la Fe (1984). Dos auténticos “best-seller” mundiales, a los que hay que añadir el éxito de su libro Hipótesis sobre Jesús, del que se vendieron en Italia más de un millón de ejemplares y que además fue traducido a veinte idiomas. Para quienes no le conocen, podemos presentarlo también como el columnista católico más leído. Tiene la agilidad del periodista y la fuerza del neoconverso, ya que en su juventud militó en el comunismo ateo.

A lo largo de cincuenta capítulos, Vittorio Messori hace una investigación sobre las apariciones marianas más recientes que han obtenido la aprobación de la Iglesia. En su trabajo periodístico recopila todos estos sucesos, enigmas, indicios, milagros, mensajes… Hay que destacar que, a pesar de adentrarse en un terreno tan delicado, el autor no se sale de unos parámetros de austeridad ni tampoco presenta la figura de María bajo la imagen de “devocionismos” lejanos del lenguaje contemporáneo. Lo cierto es que las apariciones marianas están ahí y las peregrinaciones a los santuarios nacidos en torno a ellas, han florecido en plena crisis de secularización. Al mismo tiempo que en nuestras parroquias se producía una disminución de asistencia de fieles, aumentaban las peregrinaciones a Lourdes, Fátima y tantos otros santuarios, donde los peregrinos se cuentan por millones. Si Jesús nos dijo en el Evangelio aquello de “por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 16), tenemos que abrir los ojos y alabar a Dios por la cantidad de conversiones que se producen bajo la sombra de estos santuarios marianos. Sería una cobardía no querer ver esta realidad y huir de ella como de algo resbaladizo y embarazoso, cuando es evidente que estamos ante uno de los mayores referentes pastorales de la Iglesia Católica.

Es cierto que ninguna aparición es indispensable para la fe, ni tan siquiera las que han sido aprobadas por la Iglesia. Bien sabemos que la Revelación ha llegado a su plenitud con Jesucristo. Pero, al mismo tiempo, ¿cómo le vamos a negar a Dios la posibilidad de que nos hable a través de personas santas y sencillas, incluso a través de hechos milagrosos? ¿Quiénes somos nosotros para decirle a Dios cómo tiene que hacer las cosas?

Como decía el Cardenal Ratzinger en aquel libro entrevista al que hemos hecho referencia: “Las apariciones que la Iglesia ha aprobado oficialmente –Lourdes, ante todo, y posteriormente Fátima- ocupan un lugar preciso en el desarrollo de la vida de la Iglesia en el último siglo. Muestran, entre otras cosas, que la Revelación –aún siendo única, plena y, por consiguiente, insuperable- no es algo muerto; es viva y vital”. En resumen, Vittorio Messori lanza este libro con el convencimiento de que las apariciones marianas son una llamada de Cristo a través de su Madre, una sacudida a nuestra indiferencia, una confirmación del Evangelio, un afianzamiento de nuestra fe…

No podemos olvidar aquella anécdota del pontificado de Juan Pablo II, cuando en una rueda de prensa, un periodista le preguntaba al Papa la razón de su espiritualidad tan mariana. Karol Wojtyla no dudó un instante en dar la respuesta: “Por motivos cristológicos”. Es decir, todo lo que la Iglesia ha dicho y dice sobre María está al servicio de Cristo. Los dogmas marianos no han sido promulgados en primer lugar con el objeto de fomentar la devoción a María, sino porque nos ayudan a salvaguardar la auténtica fe en Cristo. La Mariología es en realidad Cristología. De la misma manera en que la Maternidad de María remarca la verdadera humanidad de Jesucristo, así también su Concepción Virginal por obra del Espíritu Santo, nos descubre la divinidad de Jesucristo. A estas alturas, tenemos ya sobradas pruebas de que allí donde la devoción mariana ha sido arrinconada, con el tiempo se ha terminado por desvanecer la fe en el propio Jesucristo. En pocas palabras, como afirmaba el Concilio Vaticano II, “María, por su íntima participación en la historia de la salvación, reúne en sí y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe”.

Añadamos a estos argumentos teológicos, que la devoción mariana tiene la cualidad de conjugar dos dimensiones distintas pero no antitéticas: la razón y el corazón. Cuando María no está suficientemente presente en la explicación del credo católico, corremos el riesgo de reducir el mensaje cristiano a una abstracción racional, en la que se hace muy palpable la falta de “la Madre”. Para que la mente del cristiano reflexione con lucidez sin dejarse cegar por falsas ideologías, su corazón debe de estar caldeado por la devoción a María.

Al mismo tiempo que los lectores de “El Norte de Castilla” leen este artículo, una numerosa peregrinación de cerca de quinientos palentinos nos encontramos en el Santuario de Lourdes de Francia. Nos unimos a los seis millones de peregrinos que pasan anualmente por esa gruta de Massabielle, en la que la Madre del Cielo dijo a Santa Bernardita: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. La presencia maternal de la Virgen se siente fuertemente y ha hecho de esta gruta un perenne lugar de oración y conversión. Más allá de las sanaciones y de otros hechos milagrosos, el mayor don que allí esperamos recibir de la Virgen es la fe, la esperanza y la caridad. Acudiremos a Ella con devoción, confianza y cariño; y estamos seguros de que aprenderemos de María a poner nuestra esperanza en el Señor y a servir a nuestro prójimo con su misma ternura maternal.

No dudéis de que a la Madre, a esta Madre de misericordia que vela constantemente por sus hijos, le pediremos por todos vosotros, gracias a este misterio de comunión que formamos en la Iglesia.