Caricaturas del Concilio

Autor: Padre José Ignacio Munilla Aguirre

 

            El pasado 8 de Diciembre, día de la Inmaculada, se cumplieron 40 años de la clausura del Concilio Vaticano II. El aniversario ha sido ocasión para la publicación de artículos de opinión, testimonios, entrevistas, etc… Desgraciadamente, los comentarios más frecuentes se han reducido a los tópicos de rigor: el Concilio habría intentado una apertura al espíritu del mundo, que luego la jerarquía de la Iglesia ha frenado en una operación involucionista, etc

            Es claro que cuando se intenta hablar de la Iglesia bajo un esquema sociopolítico, se está condenado a no entender nada. Sin embargo, los medios de comunicación persisten en reducir la realidad eclesial a las consabidas categorías “derecha-izquierda, progresistas-conservadores…“. Son clichés que retratan más la ideología del comentarista que la realidad descrita. Cuarenta años después de la clausura de la última asamblea general de todos los obispos de la Iglesia Católica , todavía muchos no conocen sino meras caricaturas de aquel gran Concilio. Lo propio de la caricatura es la distorsión a la que somete a la realidad, sirviéndose para ello de numerosas exageraciones, reduccionismos, contraposiciones gratuitas, disociaciones, etc… Me centro en describir tres de las distorsiones más frecuentes del Concilio Vaticano II:

            .- Oposición “espíritu y letra”: Con mucha frecuencia los comentaristas han invocado un supuesto “espíritu” del Concilio Vaticano II, contraponiéndolo a la letra de los documentos conciliares aprobados. Según los mismos comentaristas, lo verdaderamente importante no sería tanto lo escrito, sino el espíritu conciliar que allí se vivió y que, por falta de tiempo y por presiones primero de la Curia Romana y de Pablo VI en segundo lugar, no pudo plasmarse en unos documentos lo suficientemente “progresistas”.

            Y aquí estamos ante una paradoja: ¿Puede existir un espíritu conciliar contrario a la letra que plasmaron los padres conciliares en los documentos conciliares? ¿No será esto un intento de manipulación del Concilio, en el que se confunde el supuesto espíritu conciliar, con la ideología del que hace la interpretación?

            Precisamente, lo paradójico es que quienes invocan ese espíritu liberal del concilio, no suelen conocer el contenido real del Concilio. A veces, ¡ni tan siquiera lo han leído!

            .- Oposición “pastoral y dogmático”: Se afirma con mucha ligereza que el Concilio Vaticano II, a diferencia de los concilios anteriores, no tuvo contenidos dogmáticos, sino pastorales.

            Ocurre que las peores mentiras son las que están envueltas en verdades, y así ocurre con ésta. Ciertamente, es verdad que el Concilio Vaticano II no fue convocado para  hacer frente a una herejía dogmática concreta, sino con el deseo de hacer un esfuerzo de actualización dentro de la Iglesia, necesario para emprender la evangelización de una cultura cambiante. Pero, sin embargo, se olvida que algunos de los documentos aprobados son de índole dogmático, y no pastoral (como, por ejemplo, la llamada “Lumen Gentium” o “Constitución Dogmática de la Iglesia”, etc…).

            Más aún, algunos interpretaban erróneamente, que todos los temas de fe que el Concilio Vaticano II no abordase expresamente, estaban puestos en suspenso. ¿De dónde puede sacarse este idea tan peregrina? De hecho, la aprobación del Catecismo de la Iglesia Católica , en el año 1992, como el Catecismo de Concilio Vaticano II, es el mejor antídoto frente a este error. Lo pastoral no está contrapuesto a lo dogmático, sino que se sustenta en ello. ¿Cómo se puede hacer pastoral, si no se tiene las ideas claras a nivel del Credo y de la Moral? La verdadera pastoral es aquella que conduce al rebano a los verdaderos pastos de la vida (credo y sacramentos), guiándolos por el camino recto (mandamientos y sacramentos)

            .- Oposición “preconciliar y posconciliar”: Aquí tenemos otra de las oposiciones gratuitas que suelen establecerse. Si algo es anterior al Concilio Vaticano II es rechazado de plano. En algunos círculos eclesiales puede llegar a ser un insulto que se diga que una determinada doctrina es “del Concilio de Trento”, como si eso ya la dejase fuera de la órbita del Concilio Vaticano II.

            Quienes así piensan, olvidan que todo concilio se hace deudor de los anteriores. Así, por ejemplo, es ridículo pensar que la doctrina del Concilio Vaticano II sea de signo opuesto a la del Concilio Vaticano I. Sus doctrinas serán complementarias, nunca contrapuestas; entre otras cosas, porque el Espíritu Santo no tiene costumbre de contradecirse a sí mismo.

            En resumen, cuando se nos trasmiten versiones caricaturescas del Concilio Vaticano II de este tenor, o apoyadas en estas falsas claves de interpretación, las conclusiones son inevitablemente falsas. Y lo que es peor, además de deformar y mentir, se silencian los verdaderos rasgos del Concilio: el cristocentrismo, la teología de la comunión, el retorno a las fuentes bíblicas y patrísticas, el llamamiento universal a la santidad, etc, etc….